domingo, 1 de octubre de 2017

POSICIONES ENQUISTADAS

El problema catalán no es de ahora, no es nuevo. El deseo de independencia ha estado siempre ahí, forma parte del ADN catalán. El independentismo catalán plantea sus tesis sobre el principio de que el pueblo de Cataluña es una nación soberana, aludiendo básicamente a la interpretación de su historia, cultura, lengua propia y al derecho civil catalán, y sobre la afirmación de que Cataluña no alcanzará su máxima plenitud cultural, social ni económica mientras forme parte de España. Defienden la tesis de que Cataluña es una nación oprimida por España desde su ocupación por las tropas borbónicas en 1.714. Cualquier argumento es válido y aprovechado por sus líderes políticos para despertar y reivindicar ese sentimiento apagado y dormido al que nunca han desistido; pero no es cierto.

           Cataluña siempre ha estado en España, estuvo dentro de la Hispania fenicia, después en la Iberia griega y luego en la Hispania romana desde sus inicios en el 218 aC. Con la entrada de los visigodos en el s. III dC, Barcelona sería incluso por un breve período de tiempo capital de la Hispania visigoda. Tras la conquista musulmana de la península ibérica en el 711, Cataluña se encontraría también en la España árabe. Iniciada la reconquista, Barcelona y Gerona pasarían durante unos 200 años a la Marca Hispánica,  aún estando la Península Ibérica dividida entre reinos cristianos y el califato árabe, se llamaba España tanto a los territorios árabes como a los cristianos, con el Condado de Barcelona entre ellos, y en el 1137 ya se produce la fusión del condado de Barcelona a la Corona de Aragón. Las coronas de Castilla y Aragón se unen con el matrimonio de los reyes católicos en el 1469, ya denominándose reyes de las Españas. Por tanto la historia nos dice que Cataluña no fue nunca nación. 

Los independentistas sostienen que hay que superar la Constitución de 1978 porque es "hostil a los catalanes", y pretenden derogarla basándose en los 1.9 millones de votos a partidos independentistas en las elecciones autonómicas, (planteadas como plebiscitarias) de 2015: un 47,7% de los votantes. Pero la Constitución fue apoyada por 2,7 millones de catalanes, el 91,9% de los que votaron en el referéndum de diciembre de 1978. Fue, junto a Andalucía, la comunidad que más respaldo dio a la Constitución. ¿Se puede modificar, actualizar a los nuevos tiempos? Naturalmente que sí, pero nunca a la conveniencia de unos pocos porque, para ello, hay que contar con todos los españoles, que creo, también deben expresarse. El derecho a decidir no sólo corresponde a Cataluña.

Con respecto al pacto fiscal, los famosos 16.000 millones e € que anualmente pierde Cataluña, sólo se obtiene mediante el inflado cálculo de la balanza fiscal llamado "flujo-monetario"; no se han tenido en cuenta la porción del gasto estatal que se produce en los ciudadanos de todos los territorios españoles, es decir, lo que corresponde a gasto militar, política exterior, competencias no transferidas, etc., que benefician a todos los españoles. Los resultados de las balanzas fiscales autonómicas muestran en términos PIB, que los madrileños transfieren el 1,32% de su PIB al estado, el doble que las Baleares (0,7%) y casi cuatro veces más que los catalanes (0,36%). Por tanto, la queja de que Cataluña es discriminada no se sustenta. Y sobre la denuncia del déficit de inversión en infraestructuras públicas, un informe elaborado por la Fundación BBVA, Cataluña es la autonomía que acumula mayor inversión absoluta.

Cataluña implica actualmente el 18% del PIB español, y Barcelona es el principal centro industrial de España, del que parten el 26% de las exportaciones de todo el Estado. Hoy día, el puerto de Barcelona tiene las mejores infraestructuras del Mediterráneo en la logística de contenedores, y actualmente es el único puerto de España conectado en ancho europeo con Francia. La conexión ferroviaria internacional de Cataluña es, junto con Madrid, la mejor de España. Se puede circular en AVE desde Barcelona a París y su red de carreteras y autopistas es posiblemente la mejor de España, aunque muchas de ellas sean actualmente de peaje, algo que podría cambiar cuando la Generalitat dejase de mantener estas concesiones. Y Cataluña dispone de seis aeropuertos. El aeropuerto de Barcelona-El Prat, es el segundo de España en el total de mercancías y personas y la puerta aérea en España para el comercio del Mediterráneo, Europa del Este, Oriente Medio y Asia. Se encuentra integrado en una plataforma logística única en toda Europa. Esta descripción muestra que el agravio comparativo en la inversión de infraestructuras que aquejan los independentistas, carece de sentido.

Todo esto es algo que se sabe de sobre tanto en la Generalitat como en el Gobierno central, pero aún así están buscando la crispación de los ciudadanos con el proceso soberanista. Se han atrincherado en sus posiciones; unos aplicando sólo la ley, sin dar salida a una negociación dialogada, y los otros, esgrimiendo ese deseo irrefrenable de poder que significa el independentismo. España es uno de los países más antiguos del mundo, y parte del mundo se le debe a España. No dejemos que unos políticos corruptos, de una y otra parte, que han intoxicado este país, nos intoxiquen también a nosotros.  

Miguel F. Canser





viernes, 1 de septiembre de 2017

¿EN NOMBRE DE QUÉ DIOS?

Los ataques últimos en Cataluña vuelven a recordar la vulnerabilidad de las sociedades abiertas en el actual combate a los grupos extremistas islámicos. El deseo despiadado y el fanatismo de los terroristas suicidas (y no tan suicidas), es un nuevo factor que hace todavía más difícil su prevención. Europa, por geografía, demografía, economía, y bienestar social, es uno de los frentes principales en la lucha desencadenada por el Estado Islámico (ISIS) en su meta de propagar un brutal califato por todo el mundo. Pero la amenaza es global, ya sea organizada y bien planeada por grupos o por el “lobo solitario”, que toma acciones aisladas por su propia mano, pero no por eso son menos mortales.
Si el propósito es causar pánico y terror, la verdad es que lo consiguen a la perfección. La intención del terrorismo es matar inocentes con el fin de intimidar a la sociedad, de quitar a la gente el sentido de seguridad ya sea en un café de Paris, un complejo de vacaciones de Mali, un aeropuerto en Bruselas, trenes en Madrid o más recientemente en Barcelona. Los terroristas han dejado de ser selectivos y su acción es ahora sistemática e indiscriminada contra quienes no pueden defenderse. Pero, ¿cuál es su verdadero objetivo? Crear un Estado musulmán regido por la ley islámica, llamada Sharía, que esté sujeto al mando del califa, quien en este momento y por autoproclamación es Abu Bakr al-Baghdadi. Este hecho tuvo el efecto de una voluntad expansiva, al llamar a los yihadistas que viven en otros países a unirse a dicha proclama. El Estado Islámico es un grupo radical suní que ha ocupado a la fuerza los territorios de Irak y Siria, levantándose en armas contra sus gobiernos. Como objetivo de la yihad global, promueven la guerra santa y arremeten contra los “infieles”, grupo integrado por todos aquellos musulmanes no radicales. Una guerra contra todo aquel que esté en contra de ellos, es decir, están en contra de todos, pues hasta los propios musulmanes los rechazan por los crímenes que cometen y por darle al Islam una reputación de religión belicosa que carga metralletas a dondequiera que va, lo cual dista mucho de las enseñanzas y proclamas del Corán y sus adeptos. «La muerte en nombre del Islam lleva de modo directo al paraíso de delicias reservadas a los creyentes».

Pero, ¿en nombre de qué dios está justificada la matanza indiscriminada de hombres, mujeres y niños para conseguir el “paraíso celestial”?, ¿existe alguna religión que para conseguir “el cielo”, proclame que haya que masacrar a quien no sea como uno mismo?, ¿a quién no piense como tú? Se trata sin duda de mentes obtusas y desequilibradas que se aprovechan de descerebrados sin cultura ni opinión propia. El primer derecho humano, el más general, por el cual estamos protegidos todos los individuos que constituimos la especie humana, es el derecho a la vida. La vida es el primer bien que poseemos, sin el cual no existe base para cualquier otro bien, sustancial o accidental, que podamos considerar. Por tanto, cualquier otra posesión está subordinada a la vida. Puede hablarse -y se habla- de otros derechos, y serán muy nobles y, como tales, tenerse en cuenta, pero todos ellos, hasta los más importantes, deben ceder la prioridad al derecho a la vida. La vida propia y la de los demás. De ahí que nadie tiene derecho a arrebatar ni mermar una vida, cualquier vida, porque sus ideas sean distintas. Esa sangre tan absurdamente derramada, esa locura, ese odio tan descomunal hacia el prójimo, necesita estudiarse con serenidad, sangre fría y mucha política. Una política donde todos los partidos sin excepción, al margen de su ideología, deben de estar unidos para luchar contra esta lacra mundial.

Me ha decepcionado la postura de Podemos al no unirse al Pacto Antiterrorista y acudir sólo como observador. ¿Observar qué? Sus opiniones y sus propuestas, hubieran sido muy importantes se incluyeran en el mismo. La prevención a través de la colaboración entre servicios de inteligencia ha probado ser la manera más eficaz de luchar contra el terrorismo. El problema es que las autoridades pueden desbaratar muchos atentados, pero basta que uno tenga éxito para estremecer a todos. Su trabajo es la protección, lo que no quiere decir que haya un peligro inminente. Ésta es la realidad de estos tiempos y, sin ignorarla ni rendirse ante ella, hay que vivir con un nuevo peligro. Pero sin exagerar ni dejar que el miedo a lo que podría ocurrir domine al individuo y a la sociedad. El temor exagerado y la destrucción de los pilares de una sociedad libre en nombre de la seguridad son las victorias del terrorismo. Para combatirlo se necesita la fuerza individual para mostrar que no se le tiene miedo y la institucional para proteger a todos con inteligencia, cooperación y sin discriminación. Solo una colaboración sin fisuras y el compromiso de todos los países de Europa pueden hacer que la posibilidad de vencer al yihadismo sea real.

Miguel F. Canser


sábado, 1 de julio de 2017

EL PROBLEMA OKUPA

Hace unos días surgió la noticia que un matrimonio mayor, jubilados, beneficiarios de una pensión baja y después de disfrutar de un viaje del Imserso, se encontraron a su vuelta que su vivienda, alquilada, de renta antigua, había sido ocupada por otras personas. Reconozco que, cuando ví la noticia, me invadió una profunda tristeza y una sensación de impunidad surgió en mi interior. Quizá fuera porque no se trataba de ningún piso vacío propiedad de una entidad financiera, ni porque los que la ocuparon no fuera una familia con niños y sin recursos, ni de deudores de los bancos que no pueden hacer frente al pago de su hipoteca. Nada de eso. Se trataba de personas que hemos acogido, que se dedican al trapicheo de droga, insolidarios con otros vecinos y muy violentos. Hace años, el movimiento okupa que se define como un movimiento social, se limitaba a edificios públicos abandonados con el fin de utilizarlos como un gesto de protesta política y social contra la especulación, y lo utilizaban como centros sociales y culturales para defender el derecho a la vivienda frente a las dificultades económicas o sociales.

Pero, desde hace unos años, el problema ha evolucionado y se ha vuelto tan grave y ha crecido tanto la delincuencia alrededor de los pisos, que ya no solamente se ocupan edificios públicos y casas abandonadas; ni siquiera viviendas vacías, el descaro llega a invadir casas habitadas que sus dueños han dejado por pocos días o incluso horas. El problema okupa necesita una atención inmediata desde el marco legal, porque la invasión de la propiedad privada es un delito y se está convirtiendo en un grave problema que obliga a revisar todo el marco legal que proteja a los propietarios de un fenómeno tan abusivo y de creciente magnitud que afecta seriamente a nuestra sociedad. No es de recibo que los juzgados tarden, si todo va bien, entre 8 y 12 meses en practicar un desahucio por vivienda ocupada y que el desamparo del propietario sea total. La policía, ante una denuncia, no puede desalojar la vivienda. Tiene que ser el juzgado.

Lo que vemos detrás de los okupas es un vacío legal que permite a las mafias actuar. No se trata siempre de inquilinos empobrecidos que no pueden pagar su alquiler; es mucho más grave que eso. Las mafias son organizaciones que se encargan de localizar pisos vacíos, tienen personal experto en abrir cerraduras, inquilinos dispuestos a pagarles por vivir de manera invasiva en el piso y leyes que protegen a los que se han instalado en una vivienda y la declaran su "propiedad privada"; porque las personas que ocupan, empiezan a contar con asistencia jurídica que les permite conocer sus derechos y, sobre todo, les ayuda a conseguir su bien más preciado hasta que se produzca el desalojo: el tiempo.

La morada, según su definición jurídica, se constituye cuando un domicilio es el sitio donde una persona vive y desarrolla su espacio de intimidad. A partir de ese momento la persona "tiene la posesión del inmueble". Y el allanamiento de morada protege precisamente la posesión del espacio, no la propiedad. Hay personas que viven en su coche, no tienen otro lugar y es donde duermen y tienen su intimidad, igual que en una tienda de campaña. Otro ejemplo sería el alquiler de una vivienda. En el momento en que hay un arrendatario viviendo en ese lugar el propietario de la casa no pueden entrar sin su permiso expreso. Sucede igual en el caso de una ocupación aunque el dueño del inmueble sea el que pretenda acceder a él. Sería invadir el espacio personal de alguien. El propietario lo que tiene que hacer es acudir a los tribunales y allí se decretará o no el desalojo; pero entrar sería tomar la justicia por su mano y, en efecto, podría ser constitutivo de un delito de allanamiento de morada. El problema va en aumento. Sólo en Madrid, según la Delegación del Gobierno, se han detectado 1.205 viviendas ocupadas desde que en abril se habilitó la Oficina de Seguimiento de viviendas de este tipo, que en cuatro meses ha recibido cerca de 3.500 denuncias.

Así están nuestras leyes. ¿Para ésto pagamos un sueldo a 350 diputados? Deben hacer leyes justas y equitativas. Según informes policiales, nadie va a la cárcel por un delito de "usurpación de vivienda". Así, el infractor "se va de rositas", acumulando notificaciones y multas que generalmente no paga. Es una encrucijada legal que la política no afronta con seriedad. Es un problema más social que económico y de orden público. Más vivienda protegida y más vivienda social es la solución; una política ambiciosa de alquiler social que dé respuesta a lo que la sociedad necesita, es atajar el problema y, desde el marco legal, debe haber una ley para la defensa y recuperación inmediata de sus propiedades por los ciudadanos. El Gobierno tiene la obligación legal de protegerlos. Porque nunca entenderás el daño que le hiciste a otra persona, hasta que a tí te hagan los mismo.

Miguel F. Canser
www.cansermiguel.blogspot.com  


jueves, 1 de junio de 2017

CARTERA POR BANDERA

Es frustrante y cansino que cada mañana, desde que te levantas, te desayunes con el independentismo catalán. A veces pienso que en España no existe ninguna otra región digna de mención. ¿Existe Extremadura, la Rioja, Aragón, las dos Castillas?  Son los eternos olvidados. Los que vivimos en el centro peninsular hemos sido siempre víctimas del llamado “centrismo”; soportamos tener las instituciones más importantes del Estado: Congreso, Senado, sede donde viven los Monarcas y el Gobierno, etc., y eso nos ha llevado a que las demás regiones nos miren de otro modo. Ellos no sufren el agravio de tener que soportar siempre todo tipo de manifestaciones, protestas de toda índole sobre problemas que afectan a otras Comunidades y que perjudican nuestra convivencia diaria. Todo el mundo viene a protestar aquí. Pero, no quiero escribir sobre esto. Sólo es un sentimiento de impotencia cuando nos martillean con los mismos temas cada día. Y no voy a ser una excepción.

La relación entre el Gobierno Central y la Generalitat de Cataluña es cada vez peor, están enquistados cada uno en su posición, y las posibles soluciones al conflicto, están muy alejadas. Mientras el Sr. Rajoy se enroca en la legalidad --nuestra Constitución no permite un referéndum secesionista--, el Sr. Puigdemont dice que, sí o sí, habrá consulta aunque no sea legal. Si nuestra Constitución señala la indisoluble unidad de la nación española, también es cierto que la democracia debe estar por encima de toda Constitución. La consulta y el derecho a decidir que reclaman, sólo es posible mediante el diálogo, el debate, y el acuerdo político para poder modificar nuestra Constitución y demás leyes que, ahora, impiden su celebración. El derecho a decidir es inalienable, personal e individual, pero dentro del marco jurídico establecido; abandonar éste cuando “yo quiera”, no es permisible.

Mientras tanto, el Sr. Rajoy confía en que su “aguante” acabe enfriando el pulso nacionalista. El crecimiento económico, a más del 3%, el IBEX que vuelve a acercarse a los 11.000 puntos, el crecimiento de puestos de trabajo (aunque sean de mala calidad),  el bienestar de un verano lleno de turistas, o la sensación de seguridad en medio de una Europa acosada por el terrorismo, las encuestas van dando, poquito a poco, un retroceso de la opción independentista en la población catalana mientras el cabreo del resto de la población española aumenta. Los actuales miembros de la Generalitat lo saben: se les está acabando el tiempo. Si en otoño que viene no toman alguna medida, pueden ser el pitorreo de sus propios conciudadanos. La no celebración de un referéndum, o que sea una segunda edición del de las urnas de cartón, sería un ridículo al que no podrían sobrevivir. Por eso las prisas en insistir en un “diálogo” que saben imposible. El intercambio de cartas, o el viajecito a Madrid, es un plan para intentar que el tema salte a los medios de comunicación. Ni siquiera Pedro Sánchez se atreve a poner en cuestión la soberanía del “pueblo español”, aunque hable de naciones culturales dentro de la Nación Española.  Si se le ocurriese apoyar a los independentistas en alguna de sus peticiones, es probable que hasta sus bases le diesen la espalda. En todo caso, Puigdemont tiene la necesidad de responder a la CUP, que le empuja. Porque la CUP también sabe que el tiempo se acaba para el proceso soberanista y para su opción anarco-comunista.

Pero en términos más concretos, me importa más la voluntad y el deseo de la gente que los datos objetivos por los que quiera separarse un territorio. Comparémoslo con una pareja donde uno de los dos dice que ya no quiere estar, porque se le pasó el amor. Esa es una razón, claro. Pero debe ir acompañada de una voluntad de concertar entre los dos. Tienes que hablar con el otro y garantizar a los ciudadanos que sus derechos están protegidos. La lengua (también la castellana), la historia o la cultura diferencial también hay que tenerlas en cuenta. Y, sobre todo, que la mayoría que busca separarse sea una mayoría suficiente. Con la inversión democrática hemos obtenido que, ahora, lo que manda es el dinero, los políticos están a su servicio y por detrás de todos aparecemos los ciudadanos. Eso es muy grave y delata a un país con un sentido de la justicia insuficiente.

Vivimos una situación político-jurídica que no tiene solución. Sin embargo, el Gobierno de España está obligado a encontrar una salida al conflicto. Una salida que no pasa por ceder, pero sí conceder. Históricamente nuestra frágil democracia siempre ha solucionado los problemas nacionalistas con dinero. A ver, señores Puigdemont y Junqueras, ¿cuánto cuesta que se olviden por un tiempo de la independencia? Ya se sabe que a nuestros políticos, en su mayoría, aman la cartera tanto o más que a la bandera. ¿Cuántos millones de euros nos costará la NO independencia de Cataluña?

Miguel F. Canser
www.cansermiguel.blogspot.com






lunes, 1 de mayo de 2017

ABUELOS 4 X 4

Los cambios sociales que han tenido lugar en las sociedades industrializadas, entre ellos, la liberación de la mujer, el aumento del número de divorcios y de los segundos matrimonios, el descenso de la fertilidad y el retraso en la edad de contraer matrimonio, han dado lugar a modificaciones en la estructura y en la dinámica familiar; además, hay cambios generacionales fácilmente constatables: los abuelos no son personas ancianas, tienen más salud y, en consecuencia, son más activos; algunos de ellos, que aún no les llegó la jubilación, están en la plenitud profesional. En el mundo actual, donde conciliar la vida laboral con la familiar es cada día más difícil, surge la figura imprescindible de los abuelos que cumplen una excelente función social. Forma parte de nuestra cultura la ayuda entre los miembros de la familia, y es una práctica habitual que los abuelos, de forma voluntaria y solidaria, cuiden de los nietos cuando sus hijos no pueden atenderlos o simplemente para que éstos puedan trabajar.  En los últimos años, la crisis económica ha ocasionado que personas mayores estén soportando por decisión propia la economía de  hijos y nietos.

         La integración de los abuelos a la vida familiar suele tener un papel diferente al de los padres. Hay muchos casos en los que los abuelos sustituyen abusivamente a los padres haciendo de canguros. Para los padres sale más económico que contratar una guardería o un canguro, pues saben que sus hijos estarán bien cuidados; no obstante, la mayoría de los abuelos están encantados con asumir el rol actual, pues disfrutan de sus nietos a pesar de “hipotecar” su tiempo en vez de dedicarlo a otros hobbies: viajar, practicar una actividad, etc. Los abuelos, son casi siempre, los encargados de cuidar a los nietos, pero su papel va más allá: son mediadores familiares, un modelo de envejecimiento, y una fuente de amor incondicional para sus nietos. Los nietos son para los abuelos una fuente de satisfacción, el placer de mimarlos. De los nietos reciben diversión y amor. Nada relaja más a un abuelo que un nieto; nadie más conseguirá que un abuelo trajeado acabe jugando en el suelo.

         Pero debemos tener una idea clara: los abuelos son sólo un complemento enriquecedor de la educación de los menores, la educación primordial debe corresponder a los padres; es decir, a menudo no son meros cuidadores, sino padres subrogados que asumen responsabilidades diarias. Un papel frecuente en casos de que madres y padres, trabajan fuera de casa a tiempo completo o de las familias uniparentales. Del mismo modo que la estructura familiar ha evolucionado, los abuelos también lo han hecho. Gran parte de las abuelas de hoy no son como antes. Suelen tener una vida más activa y mantienen una vida social, ya estén o no jubiladas. Ya no están a las órdenes de los padres de sus nietos. Hacen respetar más su tiempo y sus necesidades.

         Aún así, vemos todos los días cómo los abuelos, verdaderos héroes del verano, pasean a sus nietos, los recogen del colegio, comen en su casa, cuando no desarrollan tareas de limpieza, cocina, o se quedan con ellos alguna noche para que los padres puedan salir libremente. Aunque los nietos son para los abuelos una inyección de vida, y para los nietos supone un estrecho lazo de confianza, seguridad y cariño, no debe ser una constante, pues su disponibilidad de ayudar a los hijos, no significa que puedan demandar siempre y a la hora que sea, de sus cuidados y apoyo. Cuidar de los nietos, casi siempre, puede ser un placer, o convertirse en una pesadilla diaria.

 De manera que, cuidemos a los abuelos porque tienen mucho que enseñarnos y nunca nos fallarán. Hay un proverbio italiano que dice que “si las cosas no te van bien, llama a tu abuela”.

Miguel F. Canser
www-cansermiguel.blogspot.com


sábado, 1 de abril de 2017

¿YA NO HAY CASTA?

Desde hace algún tiempo, curiosamente desde que Podemos está ya inmerso en las Instituciones, el término “casta” ha desaparecido de su vocabulario.  Ha jubilado definitivamente esta definición y pretende abrir paso un nuevo término con el que identificar su discurso. El concepto de casta, se sustituye ahora por “la trama”. En las últimas semanas dirigentes de la formación han insistido en esta idea. La “trama”, según Pablo Iglesias, “podría ser la palabra que sirva para entender cómo corrupción e impunidad están asociados a un modelo de desarrollo económico y de gobernanza que ha fracasado”. El nuevo discurso no apunta sólo a la clase política —donde ahora se encuentra Podemos— sino también a empresarios y jueces. ¿Qué es la trama, según Podemos? Se trata de “una red de altos cargos del Estado, destacados políticos, y también de destacados empresarios, que mandan en este país en lugar de este Parlamento”, le espetó Irene Montero, portavoz parlamentaria de Podemos, al ministro de Justicia, Rafael Catalá, hace unos días.

Pero, ¿de verdad creemos que por cambiar la definición de una palabra, hemos inventado algo nuevo? Los privilegios de los políticos, de los empresarios, bancos, etc., siguen siendo los mismos. Incluso se dice que en  los Ayuntamientos que controla Podemos, se están designando a dedo muchos más asesores y puestos de confianza que existían antes. Nada ha cambiado. Hablemos claro, España es un país donde hasta un tercio de los desempleados trabaja en negro a la vez que cobra el desempleo; donde saltarse la ley para provecho propio es más la regla que la excepción. Pero, ¿cuál es nuestro modelo, nuestro ejemplo?, ¿nuestra clase política española?, ¿los que mandan?... Son un grupo cerrado, homogéneo donde los herederos tienen mucho camino recorrido. Basta ojear por los despachos de europarlamentarios españoles en Estrasburgo para encontrar antecedentes genealógicas: un hijo de Alfonso Guerra, un cuñado de Aznar... Sí, ahora son hijos, sobrinos, nietos o conocidos de los históricos del PP y del PSOE los que hacen de escuderos de la casta en Europa. El Parlamento Europeo ha pasado de cementerio de elefantes a campo de entrenamiento. Las oficinas del hemiciclo son ahora un lugar donde los herederos del trono electoral, forjan contactos y curten sus espuelas. Son La Casta o Trama, da igual. ¿Qué futuro tiene un país donde las casi 80.000 personas que forman la clase política están envueltas en un velo informativo sobre el despilfarro de sus privilegios?

Tal es el descontrol, que en España no hay ni una sola institución que conozca cuántos políticos cobran del Estado.  Un español tiene una pensión máxima de 32.000 euros anuales, pero los políticos tienen derecho a pensiones vitalicias muy superiores: pueden llegar hasta 74.000 €.  Además, estas pensiones no son incompatibles con otros sueldos de la Administración o con otras actividades económicas. Un diputado o senador tiene que estar sólo siete años en el cargo para optar a la pensión máxima (32.000 euros), mientras que un trabajador autónomo o por cuenta ajena necesita 35 años cotizados. La retención de las nóminas de diputados y senadores es sólo del 4,5%  ¿Sabía usted que paga de su bolsillo las multas que la DGT impone a los políticos? ¿Y que además las paga con recargo?  ¿Viajes innecesarios? Una comisión del Congreso pide permiso para que 60 diputados viajen cuatro días a Canarias para estudiar el cultivo del plátano. Tampoco existen datos oficiales sobre la falta al trabajo de los políticos, o al menos, no se han hecho públicos; los diputados pueden utilizar a su antojo con cargo a las arcas del Estado aviones, trenes o barcos. Disponen de 5.000.000 € al año para viajes; por no hablar de la flota de automóviles (14 de los 17 presidentes autonómicos utilizan Audi de alta gama), y no mencionar que cada español debe a los bancos casi 600€ por la deuda de los ayuntamientos. Podríamos seguir poniendo ejemplos, pero sólo alimentaria nuestra indignación.

 Podemos, ha imitado el modus operandi político de las potencias capitalistas. El capitalismo decente no existe pero deseamos lo básico: Regenerar el país, modernizarlo, acabar con las redes de complicidades y los clientelismos. Somos un país de intolerantes, algunos diputados, cuando no les gusta lo que se acuerda en el Congreso, es decir, lo que acuerda la mayoría, abandonan el hemiciclo en señal de protesta. Se les ha designado para que dialoguen, hablen, acuerden, no para que muestren su pataleta…. Así nos va. ¿Seguimos cambiando palabras, o alguien se atreve a cambiar poco a poco esto?

Miguel F. Canser

www.cansermmiguel.blogspot.com

miércoles, 1 de marzo de 2017

JUSTICIA QUE NADIE ENTIENDE

Son ya diferentes ocasiones que el tema de la justicia ha llamado mi atención; por una u otra causa, he sentido la necesidad de escribir alertando sobre el deterioro progresivo de nuestra justicia. Bien porque no dispone de los medios humanos necesarios, porque no se le dedica los recursos suficientes para su modernización, o, lo que es peor, la utilización política de la misma. La politización, o los intereses de los partidos políticos que influyen en fiscales, jueces, y estamentos de la justicia, hacen que se desvirtúe el buen fin de la misma. Si en un país falla esto, olvidémonos de la democracia. 

Es un clamor popular la perplejidad e indignación que la Audiencia Provincial de Baleares, por unanimidad en el caso Noos, haya dictado una sentencia que el ciudadano, en su inmensa mayoría, no entiende.   En los últimos días han pasado cosas muy graves que afectan a uno de los pilares de nuestra democracia: la Justicia. Siempre estamos oyendo que hay que respetar las decisiones judiciales, pero no necesariamente hay que compartirlas y es que cuando las cosas se alejan del sentido común, algo no funciona bien. Hace unos días, hemos asistido a la destitución de tres fiscales que estaban luchando denodadamente contra la corrupción; uno de ellos, el fiscal superior de Murcia, dos días después de citar a declarar como imputado al presidente de esa Comunidad en el caso Auditorio, denunciando coacciones durante su labor al frente de la Fiscalía: "A los compañeros de Murcia no se nos ha hecho la vida especialmente agradable. Llama la atención que se haya creado, por ejemplo, una asociación en Madrid con la única finalidad de querellarse contra mí y mi familia".

La sentencia del Sr. Urdangarín clama por lo inusual y ha creado una inmensa alarma social. La gente no sabe ya si sonreír por lo que sospechaba pudiera ocurrir, o por la incredulidad de lo que verdaderamente está pasando. Está probado que el matrimonio Infanta-Urdangarín saquearon más de 9 Millones de €, de los que 6 Millones, pertenecen al erario público, es decir, a todos nosotros. El fiscal pedía para él 19 años de cárcel. Pues bien, condenan al Sr. Urdangarín a 6 años y le deja libre, sin fianza, y que siga viviendo en Ginebra. Por supuesto, la Infanta queda absuelta de todo cargo por ignorante. Quien más quien menos, algunos nos hemos quedado con la boca abierta. Díganme a qué ciudadano normal, se le condena a más de 5 años, y le dejan libre, sin fianza y que, además, pueda seguir viviendo en el extranjero. No conozco a nadie. Bueno, ahora sí.

No podemos olvidar que, en teoría, si alguien tiene estudios en ese matrimonio es la Infanta. Es licenciada en ciencias políticas y trabaja en una entidad financiera, por lo que, a priori, quien mejor está preparada de los dos es ella; y para nada da el perfil de “mujer florero” como algún medio ha bautizado. Sin embargo, el responsable de todo según la justicia, es su esposo que no se le conoce ningún tipo de estudios universitarios, y su carrera profesional sólo se le conoce como balonmanista español. Sí sabemos que en 1995 quedó exento del servicio militar (obligatorio en la época) por padecer sordera total según dice Wikipedia. Parece que ahora está de moda delante de los juzgados decir que las mujeres no se enteran de nada (acuérdense de la Sra. Mato, por ejemplo), cuando la verdad es que se enteran de todo, y están al tanto de todo. Es decir, si alguien pudiera tener conocimientos financieros sería la Infanta y no él. En fin, a mí me parece que todo esto es una tomadura de pelo, aunque se ha hecho viral decir eso de “No sé, no me consta, no lo recuerdo”. Quizá estar enamorada sea un eximente.

El argumento de la Audiencia de Palma para no imponer al Sr. Urdangarin medidas cautelares es que no se decretó ninguna durante toda la instrucción y, por lo tanto, hacerlo ahora sería desproporcionado. A la postre, el cuñado del Rey, ha acabado beneficiándose del trato generoso que ha recibido desde un principio por parte de la Justicia y de la Administración, y ahí está el papel que han jugado la Agencia Tributaria y la Abogacía del Estado. ¿La justicia es igual para todos? Es evidente que no. Lo decía Albert Camus: “Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo”.

Miguel F. Canser

www.cansermiguel.blogspot.com     

jueves, 2 de febrero de 2017

IDEOLOGÍAS APARTE

Desde hace décadas el término “ideología” se encuentra devaluado. Asimismo, deberían haber caído ya en desuso los términos “izquierda” y “derecha” como marcas orientadoras en el debate político. Ambos fenómenos –el descrédito de la ideología y el relativo abandono de los conceptos mencionados— responden a algunos elementos en común. Uno de ellos, quizás el más importante, es la comprensible desconfianza que nos producen los radicalismos. Otro, no desdeñable, es el aparente vacío de ideas en que ha caído la práctica cotidiana de la política. El fascismo y el comunismo son los ejemplos más notorios de ideologías radicales y mortíferas. Las ideologías, formas generalmente inflexibles, y ajenas a toda autocrítica para entender a una sociedad y proponerle un futuro, se constituyeron como creencias monolíticas e inmutables, alejadas de  los datos de la realidad y exigente de ciegas adhesiones.

         En el lado opuesto, se va imponiendo la idea de que el pragmatismo es el más alto valor al que se pueda aspirar en el debate sobre lo público. Lo opuesto a ese pragmatismo sería, precisamente, el pensamiento ideológico. Así, mientras los ideólogos sostendrían debates estériles alrededor de conceptos y visiones abstractas y alejadas de lo real, los pragmáticos, con los pies en tierra, actuarían resolviendo eficazmente problemas. Con esta misma lógica la división entre izquierda y derecha quedaría entonces obsoleta, pues lo importante no sería ya discutir sobre visiones del mundo sino más bien resolver dificultades aquí y ahora. 
         Una ideología no deja de ser una colección de ideas. Cada ideología utiliza esas ideas en lo que considera la mejor forma de gobierno y el mejor sistema económico. Si convenimos que el fin último de la política es el bien común, la búsqueda de soluciones para el desarrollo y bienestar de los ciudadanos, la vida real de las personas y sus fines generales deben ser un imperativo para toda actividad socio-político. Las necesidades de las personas deben estar por encima de toda ideología. Y en nuestra política diaria, asistimos a una guerra de “ideas” que para nada conducen a ese fin último que he descrito. Sólo importa la prevalencia de sus ideales, obviando lo que en cada momento puede interesar a la mayoría.

         Muchas veces he escuchado la famosa frase de:”yo no quiero políticos, sino buenos administradores”. Y es que nuestros políticos nos demuestran cada día que eso de la ideología es secundario. Y no me refiero sólo a aquéllos que, de vez en cuando, cambian de bando, sino cuando su actividad política está orientada a asegurarse un puesto bien remunerado en la empresa privada, que por desgracia sucede con frecuencia. La verdad es que el ciudadano sólo quiere hechos, no ideas. Que miren por sus intereses, que sean diligentes a la hora de afrontar un gasto, distinguiendo –en eso mi madre era una experta— entre un gasto necesario de uno imprescindible. Y si es necesario construir, por ejemplo, un hospital, porque se hace imprescindible, los políticos deben ponerse de acuerdo al margen de su propia ideología. El ejemplo más cruento lo tenemos en Rivas: con una población censada de 85.000 habitantes, no disponemos no ya de hospital, sino de un Centro de especialidades médicas. Pero Arganda, con un censo de unos 60.000 habitantes, sí es merecedora de un amplio hospital. ¿Por qué?,  sencillamente por pura ideología.

         Aunque la ideología es necesaria, pues nos movemos por unos ideales intrínsecos, debe primar siempre la perentoria necesidad social, educativa o  sanitaria en cada momento, porque necesidad es una carencia o escasez de algo que se considera imprescindible, y la clase política debe utilizar los recursos económicos disponibles, en vez de malgastarlos en gastos inútiles y superfluos,  en cubrir esas necesidades al margen de sus preferencias personales. Nuestros políticos son camaleónicos y, como dice mi amigo Manolo, “comunistas hasta que se enriquecen, feministas hasta que tienen un niño, y ateos hasta que el avión empieza a caer.

Miguel F. Canser
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domingo, 1 de enero de 2017

BATALLAS DE PODER

El afán por el poder ha sido una característica permanente del ser humano a lo largo de los tiempos; de hecho, la vida humana misma, desde tiempos inmemoriales, se hizo en torno al poder pues la persona siempre se mueve por su incesante búsqueda en cualquiera de sus modalidades: político, prestigio, fama, riqueza, conocimientos, fuerza física, etc.; que no son más que distintas expresiones del poder que anhela.  El poder es la capacidad de imponer la propia voluntad a otros; o la capacidad de disminuir o de eliminar las resistencias externas para el logro de los objetivos personales. Los medios para lograr imponer la propia voluntad son múltiples, y de naturaleza distinta, así como las razones para hacerlo y el contenido de la voluntad que se quiere imponer. Como no podía ser menos, también son muy distintos los resultados del ejercicio del poder en quien lo ejercita y sobre quien se ejerce. El rango va desde la corrupción e involución más indigna, hasta una atractiva humanización de quien ejerce el poder y una mejora en los resultados que obtiene.

Y en nuestra política es lo que acontece a diario. Tenemos dos ejemplos: PSOE y PODEMOS. La renuncia de 17 miembros de la Comisión Ejecutiva Federal  para provocar la caída de Pedro Sánchez, ha abierto un escenario sin precedentes del que ni siquiera sus protagonistas saben cómo salir. Los estatutos marcan la ruta para elegir un nuevo órgano de dirección, pero la redacción de los artículos clave es suficientemente ambigua como para generar diferentes interpretaciones y, por tanto, desencadenar nuevos conflictos. El bloqueo es casi absoluto. Está en disputa hasta el acceso a las instalaciones de Ferraz. La batalla por controlar el PSOE es latente. En dos años, Pedro Sánchez no ha producido una idea política digna de ser recordada, ni ha prestado un servicio especialmente valioso a su país; pero sí ha demostrado estar bien dotado para saber escaquearse como nadie de los fracasos electorales.  No existe un líder partidario capaz de mantener el puesto con la cuenta de resultados que presenta Sánchez. ¿Creen ustedes que en el PSOE importan ahora los intereses de los ciudadanos?; ¿o más bien se trata de una lucha interna con el único fin de recuperar los votos perdidos y la parcela de poder que han perdido?. Juzguen ustedes.

En cuanto a Podemos, es la historia de un grupo de profesores que fueron capaces de organizar y canalizar en las urnas la rabia de millones de españoles, pero que ahora no encuentran el camino para organizarse a sí mismos en un partido político dentro de las instituciones. Una cosa es el panfleto, la protesta permanente, y otra librar la batalla dentro del sistema y de las instituciones. Es la historia de un grupo que,  a fuerza de convertir la acción política en un juego de guerra con lenguaje de combate, ha acabado por combatirse a sí mismo. La historia de una formación que trasladó las emociones a la calle y que ha terminado por vivir dentro de una telenovela en la que el público llama a los protagonistas por su nombre de pila. Pablo e Íñigo. Es la historia de un partido que, a fuerza de llevar la transparencia hasta sus últimas posiciones, ha acabado por hacer terapia de grupo diaria a la vista de todo el mundo; la historia de unos jóvenes que sacan sobresaliente en teoría política, pero que suspenden en las prácticas. En definitiva, la historia de un experimento surgido de la crisis de la democracia representativa que, según advertencia de su líder, Pablo Iglesias, el pasado mes de julio, puede tener éxito “o darse una hostia de proporciones bíblicas”. Esto es Podemos. Hay pocos precedentes de que el número dos de un partido haga el papel de bueno y no el de malo, como ha sido habitual en la política española. Íñigo Errejón, secretario político y portavoz parlamentario, encabeza el sector crítico al secretario general. Una realidad insólitaAlfonso Guerra rompió con Felipe González después de varias décadas juntos. Iglesias y Errejón se han separado en menos de dos años; aunque no quieren firmar el divorcio definitivo para no dañar de forma irremediable a su criatura política. ¿Dónde queda el espíritu de aquel 15-M?

La lucha por el poder de nuestros políticos es un travestismo ideológico que les permite ser quien quieran ser según convenga, pero su verdadera condición se muestra en cuanto no sienten la presión de una convocatoria electoral.

Miguel F. Canser
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jueves, 1 de diciembre de 2016

HIPOCRESÍA Y POLÍTICA

En estos días han ocurrido dos acontecimientos que han convulsionado la vida de nuestro país. El fallecimiento repentino de la senadora Rita Barberá, y del dirigente cubano Fidel Castro. En ambos casos existen similitudes de comportamiento aunque de direcciones opuestas. La hipocresía es una actitud negativa del individuo del cual sus acciones no se corresponden con aquello que dice pensar u opinar. Es comparable con la falsedad, pues la persona hipócrita actúa básicamente mediante la falsedad o el falseamiento de sus pensamientos. El hipócrita siempre finge sus verdaderos sentimientos, creencias u opiniones con un objetivo determinado, aunque  no sea  más que por esconder los verdaderos por temor a exclusión social o discriminación. Cuando una persona actúa hipócritamente de manera constante y prolongada puede ocurrir que termine creyendo sus propias mentiras. En este caso, pasa a ser una patología psicológica.

 Hay tres ángulos desde los cuales se puede reaccionar ante la muerte de la Sra. Barberá y la de Fidel Castro: el diplomático, el político y el de la evaluación histórica. El primero de ellos es propicio para las frases hechas y las condolencias formales que son propias de los discursos oficiales. Como verdaderos mensajes diplomáticos ellos deben evadir, con cuidado, cualquier apreciación de fondo. La mayoría de las reacciones diplomáticas que hemos leído en estos días, sin embargo, no pueden ocultar las preferencias políticas de quienes las han manifestado, y eso resulta comprensible: es difícil no adoptar posiciones políticas ante una figura que, como la de Fidel Castro, tanto intervino en el acontecer mundial durante más de medio siglo. Las reacciones políticas han sido, en general, previsibles.
El fallecimiento de Rita Barberá después de declarar en el Tribunal Supremo por un presunto delito de blanqueo, volvió a mostrar lo peor de la política española. La muerte no borra los hechos de la vida de cada cual. Fue dirigente y alcaldesa durante muchos años del PP en Valencia, un partido destrozado por una corrupción extendida a la gestión en todos los territorios de la comunidad y sobre ella pesaban graves acusaciones de responsabilidad en esos hechos. Es cierto que esas acusaciones, que aún estaban en proceso judicial, no impiden las muestras de respeto a una persona fallecida, como a cualquier otra; pero de nada sirve aprovechar la muerte de la senadora para intentar lavar su imagen, hacer juego sucio contra los adversarios políticos o contra los medios de comunicación insinuando su responsabilidad en el fallecimiento o cuestionar la necesidad de perseguir la corrupción. Eso sí es sacar ventaja política de una muerte. Sobre todo si esas loas y esas acusaciones provienen de los mismos compañeros de partido, que le obligaron a dejar el PP al ser imputada. Si esa decisión fue coherente entonces, no deja de serlo ahora porque Barberá haya fallecido. Demasiada hipocresía alrededor de una muerte por infarto como muchas otras.
En cuanto al fallecimiento de Fidel Castro, la izquierda lo ha alabado sin mesura, mientras que el centro y la derecha lo han criticado, aunque con gran moderación.  La revolución que encabezó Castro prometía libertad, prosperidad e igualdad, pero los hechos, tristemente, muestran que nada de eso se logró en la isla. Después de casi 60 años los cubanos viven pobremente, ganan salarios miserables y soportan todavía la cartilla de racionamiento, cruel forma de control que mantiene al borde del hambre a una gran mayoría de ese sufrido pueblo. No se permiten partidos políticos –salvo naturalmente el oficial, el Partido Comunista- ni la discrepancia en público, hay presos políticos y –hasta hace poco- era prohibido salir de Cuba sin permiso. El modelo económico cubano, por otra parte, nunca ha sido auto-sostenible: dependió por décadas de la ayuda que aportaban la extinta Unión Soviética y llama también la atención que muchas de nuestras figuras políticas presuman de democráticas y tolerantes mientras elogian a una persona que se mantuvo en el poder ininterrumpidamente por 47 años.  La izquierda latinoamericana y europea, al alabar al régimen cubano y a su creador, exhiben una hipócrita doble moral. Se pone el grito en el cielo si se disuelve por la fuerza una manifestación de izquierda en cualquiera de nuestros países, pero se tolera y se mira para otro lado cuando en Cuba se encarcela a disidentes que solo manifiestan sus opiniones o cuando se mataba sin piedad a quienes cometían el pecado de querer, simplemente, salir de la isla. Una dictadura, aunque se llame revolucionaria, sigue siendo una dictadura, y elogiarla envía un mensaje que nada tiene de democrático.
Posiblemente exageramos demasiado la hipocresía de las personas.  La mayoría piensa demasiado poco para permitirse el lujo de poder pensar doble.
Miguel F. Canser
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martes, 1 de noviembre de 2016

NUESTRAS PENSIONES

Llevamos unos días hablando sobre el futuro de nuestras pensiones. Son llamadas de alerta de que, si no se pone remedio, la hucha de las pensiones se acaba, y no habrá dinero para pagarlas. España tiene un grave reto demográfico que amenaza directamente al sistema público de pensiones, dado el efecto de la generación que está a punto de jubilarse y del rápido incremento de la esperanza de vida. Sin embargo, los expertos coinciden en que a la hora de hablar del futuro de las pensiones, no se puede valorar sólo el problema demográfico. Existen otros factores, como los niveles de revalorización, el empleo, o la productividad que contribuirán, en último término, a solucionar o agravar la situación.

         El problema del sector público de pensiones se debe principalmente al bajo crecimiento de la actividad laboral de calidad, a las bajas cotizaciones a la Seguridad Social, y al paro que padecemos. Un individuo es, o puede ser, propietario de su casa, pero no tiene derecho alguno de propiedad sobre su pensión porque la obtención de ésta se sustenta en un sistema de reparto. Esto es así porque las contribuciones realizadas por una persona en toda su vida laboral para devengar una prestación económica proporcional a ellas cuando se jubile, no se acumulan en ningún fondo. Se emplean en sufragar a quienes ya están jubilados; con la expectativa de que las generaciones venideras se comporten de igual modo con quienes hoy contribuyen a pagar las jubilaciones. Desde hace un par de años, los superávits de la Seguridad Social se han volatilizado y el Fondo de Reserva está exhausto; por lo que ya es posible avanzar una conclusión a priori: su insostenibilidad. El coste de las pensiones a sufragar es superior al de las cotizaciones sociales con las que en teoría deberían financiarse. El último informe de afiliación a la Seguridad Social no deja lugar a dudas: en España hay solamente dos trabajadores por cada pensionista, que es la relación que resulta de dividir los 16.826.434 afiliados ocupados entre los 8.428.726 pensionistas que el Ministerio de Empleo contabiliza en marzo.

         Ante la futura e imparable avalancha de pensionistaslas fórmulas planteadas para salvar el sistema de reparto, léase retrasar la edad de jubilación, aumentar el número de años cotizados para cobrar la pensión, poder seguir trabajando (y cotizando) al tiempo que se cobra la pensión, con incidencia grave en el ya excesivo paro juvenil o, como también se ha dicho, rebajar el importe de las pensiones, etc., son parches que no resuelven el problema. Además del creciente número y del mayor coste de la nómina de las pensiones, otro factor juega en contra del presupuesto: en España la pirámide de población asusta, y la caída de las cotizaciones agrava el problema, que se come la hucha a pasos agigantados. La situación empeora por el aumento de autónomos, que optan por cotizaciones lo más bajas posibles, y porque la entrada en el mercado laboral se realiza a edades cada vez más elevadas.

          Ante este panorama es preciso acometer una reforma estructural del modelo español de pensiones. Ello implica su transformación progresiva basada en la capitalización. El sistema parte de un principio: la conexión entre el ahorro acumulado por una persona y los beneficios que obtiene de él. En el caso de la cobertura del retiro, se traduce en que los individuos capitalicen a lo largo de su vida laboral, las contribuciones que obligatoriamente deben depositar en una cuenta personal expresamente creada con este fin. Su operatoria podría parecerse a un plan de pensiones privado, con la diferencia de su obligatoriedad y garantizada por el Estado. Cada trabajador contribuye con una parte de su salario a una cuenta a su nombre y de su propiedad, depositada en una “Cuenta de Ahorro individual”, que invirtiera en una cartera diversificada de activos que permita realizar una combinación razonable riesgo-rentabilidad. Los rendimientos proporcionados por esa cartera se acumulan durante el tiempo de cotización y el trabajador comience a recibirlos cuando se retire. De este modo, las pensiones quedarían blindadas de la discrecionalidad política y de la evolución demográfica; convirtiéndose en un poderoso instrumento de ahorro individual a largo plazo. Ese esquema se complementaría con una pensión mínima garantizada por el Estado para aquellas personas que, por razones ajenas a su voluntad, no hayan podido ahorrar a lo largo de su vida laboral el dinero suficiente para tener una cobertura del retiro digna.

         En el horizonte, el modelo de pensiones de reparto es un lastre para el crecimiento económico de España, un foco de conflictividad intergeneracional, y una espada de Damocles sobre los propios pensionistas. En este escenario, la creación de un esquema de cobertura de las pensiones de capitalización es la mejor salida. Pero aquí nadie hace nada. Sólo quejarnos. Vemos venir el problema pero como si nada. Sólo cuando nos demos de narices con él, quizá hagamos algo. Cómo decía alguien, “el arte de gobernar consiste en quitar la mayor cantidad posible de dinero a una parte de los ciudadanos para dárselo a otros”.

Miguel F. Canser
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domingo, 2 de octubre de 2016

INTRANSIGENCIA

La intransigencia es la actitud de la persona que no acepta los comportamientos, opiniones o ideas distintas de las propias, o no transige con ellas. Vivimos en un mundo intransigente y el mejor ejemplo se nos da cada vez que abrimos la prensa o conectamos la radio o el televisor. Todos los días asistimos al atrincheramiento intransigente de las propias ideas. Es recalcitrante ver a alguien que se muestra terco o se mantiene aferrado a una opinión o conducta, con ausencia de empatía o intentar, al menos, escuchar otra opinión que bien pudiera alumbrar una solución a un problema o conflicto. Los partidos políticos tradicionales se empeñan en mantener sus viejas prácticas demagógicas, temen al cambio y el cambio es ineludible; están apegados a las prácticas de clientelismo político y al nepotismo que establecen gobiernos que no cumplen sus promesas, cuentan con los votos de sus incondicionales, pese a que se vota tras un proceso de reflexión para abrir paso a nuevas opciones políticas, orientadas al cambio y al desarrollo. Nos lo están demostrando continuamente. Todos dicen que no quieren nuevas elecciones, pero actúan diferente. Nadie cede. Parece que lo menos importante es lo que el electorado les ha encomendado.

No hay descontento respecto a la democracia (al menos mayoritariamente), hay descontento respecto a la partidocracia. Hemos transformado lo que es una sociedad democrática -- que tiene que ser una sociedad permeable-- a partir de unas empresas de poder, que son unos partidos políticos escleróticos, envejecidos, corruptos en una gran parte, que albergan la convicción de que ellos son la democracia, cuando en realidad son instrumentos para ella, que han caído en una situación a la italiana a una velocidad que yo nunca imaginé. Por ello, pensar que la democracia es Rajoy, o Sánchez, Iglesias o Rivera, equivale a pensar que la democracia son los partidos políticos. No es verdad. Los partidos son un vehículo de democracia, excepto cuando dan lugar a esta pertidocracia que define la situación actual.

Intolerante e intransigente son prácticamente sinónimos. Pero mientras el intolerante es incapaz de aceptar que otros tengan ideas contrarias a las suyas y las combate abiertamente, el intransigente no cede ni a las más mínimas exigencias de los demás. El intolerante defiende fanáticamente sus ideas, el intransigente no cede ante las pretensiones de los demás, por insignificantes que sean. Esas actitudes de terquedad irracional y fanatismo político, deben se superadas. La desmesurada adhesión política puede degenerar en una fe ciega que conduce al empecinamiento irracional, impidiendo aceptar cualquier argumento razonable ajeno al propio. Hoy vemos cómo los partidos se manejan entre argumentos personalistas y simplistas que atentan contra la razón y el bien general a la hora de aproximar posturas. En estos tiempos que corren, nuestro nuestro país alimenta obstinadamente el consabido tópico "España es diferente". En efecto todavía no hemos sido capaces de transigir ante posturas ideológicas distintas para alcanzar consensos prioritarios en beneficio común de los `españolitos de a pie´mostrando una incapacidad negociadora que prioriza el interés de los partidos en detrimento de quienes teóricamente son el sujeto soberano: ¡¡el pueblo!!

Sin entrar en temas de corrupción, hoy privan los intereses de partido, los personalismos, el temor a perder el privilegio político, y el haber provocado que la política sea una forma de vida profesional para muchos. Pero no sólo debemos culpar a la clase política, los votantes también somos culpables de la situación creada; la ignorancia, el apego incondicional a un partido sin considerar lo que es y lo que fue, sin valorar a sus líderes actuales o votar a uno u otro en función del sufragio útil, hemos conseguido un fraccionamiento del Congreso plural y beneficioso, pero con líderes incapacitados para formar Gobierno. Estamos conduciendo al país a un callejón sin salida.

Trabajar a favor de los demás exige sacrificio, perseverancia, ayuda desinteresada y, ante todo, escuchar y respetar las iniciativas de los demás. Estamos en un mundo donde todos debemos ser iguales, todos necesitamos de ayuda para que, cada día, haya más desarrollo e intentar solucionar los problemas materiales de la gente. Aunque la realidad es que la corrupción generalizada en las esferas del poder, y la arrogancia de una clase política que ya es más odiada que cuestionada o rechazada, no favorece para conseguir la meta que todos aspiramos llegar.

Miguel F. Canser
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jueves, 1 de septiembre de 2016

TONTÓCRATAS SOLEMNES

Cuando escribo este artículo, se acaba de firmar el acuerdo de investidura entre el P.P. y C´s., y aún no se ha reunido el parlamento para saber si el Sr. Rajoy alcanzará los apoyos necesarios para formar gobierno. Los demás partidos no están por la labor y ya han anunciado hasta la saciedad, su no a Rajoy. Cabe la duda o sospecha que, al final, sino el PSOE al completo, sí parte de sus diputados votarán absteniéndose para que el gobierno actual deje de estar en funciones. Mucho he criticado la repetición de las llamadas a las urnas porque a nuestros políticos no les gusta ceder en nada. Quieren ir de sobraos. No desean compartir con otras formaciones el diálogo y la negociación. Y los ciudadanos les hemos dicho que se acabaron las mayorías absolutas, la aplicación del rodillo, la política única. Pero no quieren enterarse porque, si no lo remedian, acabaremos nuevamente acudiendo a votar el día de Navidad. Un día en el que, la mayoría de la gente, se traslada para pasarla junto a sus familias, con gran afluencia de desplazamientos, sin contar a las personas que, ese día, deben acudir a las mesas electorales después de una feliz Nochebuena. ¿Serán capaces de robarnos la Navidad?

          Mientras tanto, y beneficiados por la inseguridad en países africanos, se han batido en España todos los récords históricos en el sector turístico, la primera industria de nuestro país, tanto por la llegada masiva de extranjeros como por la fuerte recuperación de la demanda nacional. Al mismo tiempo, el gasto en consumo también experimenta un saludable crecimiento, como refleja el INE. Son sólo dos indicadores de la mejoría que tiene una incidencia directa en eso que se da en llamar la economía real. Pero, en contraste, los españoles están seriamente preocupados por el deterioro de la situación política en la que queda claro el hastío ciudadano por la incapacidad que está demostrando nuestra clase dirigente para garantizar la gobernabilidad y permitir la formación de un nuevo Ejecutivo (del signo que sea) que encare los retos urgentes. Incluso hay quien se pregunta si, verdaderamente, es necesario un gobierno. En Bélgica estuvieron sin gobierno más de año y medio, y su economía repuntó favorablemente. Pero sí, la transitoriedad nunca es buena. Aunque, en este país, hay que distinguir entre la España real y la España de los políticos.

          Parece que los tontos-políticos dominan el mundo y así nos va. Siempre he creído (ahora ya no) que el poder debería estar en manos de los mejores y más preparados. Los que tienen el poder ahora demuestran cada día que son incapaces de solucionar los problemas del mundo, pero en lugar de reconocer sus enormes limitaciones y su fracaso, se niegan a rendir cuentas de sus errores y de los daños que causan desde el poder. No sólo no reconocen sus fracasos, sino que ni siquiera piden perdón. La respuesta de los tontos-políticos es la arrogancia y el mundo, de la mano de fracasados e ineptos, camina hacia donde camina. 

          Tipos como González, Aznar, Zapatero y Rajoy, mandamases de los españoles en las últimas décadas, son hoy tontócratas solemnes. Los tres primeros han perdido, cada uno por diversos motivos, el respeto y la fama, mientras que Rajoy exhibe un presente lamentable y triste: ni tiene amigos, ni consigue el aprecio de la ciudadanía, ni sabe dialogar, ni es capaz de formar un gobierno (si no es por la iniciativa del Sr. Rivera), a pesar de que le faltan apenas una decena de diputados. La política española demuestra cómo miles de profesionales se quedan estancados y empiezan a declinar justo cuando alcanzan el nivel de su incompetencia.  Nadie duda que Rajoy sea un buen registrador de la propiedad, pero como político es un desastre que reúne carencias y vicios que le inhabilitan para el liderazgo: indolencia, pasividad, incapacidad de transmitir, torpeza para despertar entusiasmo, imposibilidad de agitar, nulidad para trazar metas ilusionantes y objetivos comunes. Sí, ya sé, alguno me dirá que le han votado casi 8 millones de personas. Pues no, aquí se vota un proyecto político, un parlamento. Y es ése parlamento quien designa al Presidente del Gobierno. Que yo sepa, todavía no tenemos listas abiertas para designar a las personas con nuestro voto salvo en el Senado.

La estupidez domina un mundo donde lo que da fama y dinero, como todo el mundo sabe, no es la cordura ni la cultura ni la inteligencia, sino el impacto visual y presentar modelos de vida que permiten ganancias, aunque estén desprovistos de ética y grandeza. 

Miguel F. Canser


viernes, 1 de julio de 2016

¿QUÉ NOS HAN DEJADO LAS ELECCIONES?

Ya sabemos (ya lo sabíamos antes) que estos nuevos comicios no han servido para esclarecer la formación de un gobierno estable. Nuevamente, los ciudadanos han dicho a las formaciones políticas que nadie tiene el poder absoluto, que dialoguen, que negocien y, sobre todo, que pacten. No queremos nuevas elecciones (tampoco las queríamos antes) porque no queremos que ningún partido tenga la mayoría suficiente para que pueda aplicar el ya famoso “rodillo”. Se impone el consenso, el intercambio de ideas, ceder aquí o allí, que cada uno arrime el hombro y aporte su idea de programa que termine en el ensamblaje de un proyecto de gobierno destinado a mejorar la vida de la gente. ¿Qué harán ahora? No creo se les ocurra ir de nuevo a las urnas.

          Pero, ¿cómo se han conseguido los escaños? En anterior ocasión ya analizamos nuestra famosa ley D´Dont que considera la circunscripción en la provincia en vez de comunidad autónoma como está desarrollado el Estado y cuyos más beneficiados son los partidos grandes y los “regionales”.  En concreto, al PP le ha costado obtener un diputado 57.698 votos, muy por debajo de los 97.601 que se ha visto obligado a lograr C`s para obtener un mismo congresista. Expresado en otros términos, esto significa que el Partido Popular, pese a haber logrado el 33,03% de los votos, ha obtenido el 39,14% de los diputados, lo que supone una tasa de ventaja de 1,18 veces. La desproporción tiene que ver, sobre todo, con el hecho de que su aplicación se combina con tamaños de distritos pequeños. Las circunscripciones mayores son las que registran resultados más proporcionales; las menores, los menos proporcionales. Fíjense en la diferencia entre la circunscripción provincial o autonómica:
                                                              ESCAÑOS                 ESCAÑOS
PARTIDO                    VOTOS                PROVINCIAL            AUTONOMÍA
P.P.                            7.902.147                    137                             124
PSOE                         5.423.171                     85                               83
UNIDOS PODEMOS   5.010.357                     71                               75
C´S                            3.122.192                     32                               44

          Está claro. Con la actual ley, un voto no vale lo mismo en un sitio que en otro. Esta desigualdad es preciso eliminarla. Es necesaria una reforma de la ley electoral.

          Otro dato que nos han dejado estos comicios, es que las encuestas no han funcionado. Nadie esperaba la subida de votos del PP, y que no hubiera “sorpasso” de Unidos Podemos al PSOE. Sí se esperaba, por el contrario, la pérdida de votos de C´S. Dicen que ha funcionado la política del “voto útil”; aunque lo más incomprensible es que el PP ha obtenido más votos y más escaños, allí donde la corrupción ha sido más evidente: Madrid, Valencia, Castilla León, Galicia, etc., y en ciudades como Zaragoza y Sevilla. Por otro lado, los de Unidos Podemos dicen  que ha funcionado la política del miedo. Es posible, pero quizá el miedo lo daban ellos por su ambigüedad, por sus bandazos de posicionamiento, por sus promesas de difícil cumplimiento y por sus apoyos a ciertas políticas cuya historia reciente nos ha dicho que no funcionaban. Otros denuncian que la unión con IU no ha sentado bien a todos sus electores. En fin, ellos sabrán,  con el tiempo se verá.

          De cualquier modo es difícil entender, al menos para mí, los resultados de estas elecciones. Que el PP haya obtenido casi 700.000 votos más, que Unidos Podemos haya perdido 1,1 millones de votos y que C´S haya perdido casi 400.000, indica que existe una parte ingente de votantes que cambian su voto dependiendo de no sé qué motivos en tan poco tiempo: ¿Hastío?, sin olvidar que la participación ha sido 4 puntos por debajo de las anteriores elecciones. 

          Al margen de esto, ahora toca ponerse a trabajar pensando en la gente, dejando de lado los intereses de partido, dialogando, negociando porque ya no existen mayorías absolutas. Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia. Recordando a Churchill: “El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que el predijo”.

Miguel F. Canser