domingo, 1 de marzo de 2015

CADA UNO VA A LO SUYO

Hace ya unos días que se celebró el debate del Estado de la Nación donde el Presidente del Gobierno hizo inventario de los más de tres años que lleva gobernando. Al día siguiente, en todos los medios de información el debate se centra en quién había ganado. A mí, personalmente, lo de menos es saber quién era el ganador, pero sí estoy convencido quién había perdido: el ciudadano.  En este país sucede que, suponiendo que el partido que esté gobernando lo haga relativamente bien (que no es el caso), los demás partidos de la oposición nunca lo reconocerán, y siempre pondrán trabas y críticas a su gestión; de igual forma, si la oposición presentara una propuesta coherente y justa, el partido en el poder lo rechazará abusando de su mayoría parlamentaria por el simple hecho de que se le ha ocurrido a otros y no a ellos; sin importar que posteriormente, coincidiendo con la llegada de nuevas elecciones, presenten esas mismas propuestas denostadas antes,  como si se les hubiera ocurrido a ellos. Es el acoso y derribo del contrario. Lo de menos es si es importante para el país, sólo predominan las críticas, reproches y acusaciones de unos a otros; sin olvidar el tono áspero y faltón donde frases como “no tener vergüenza y patético”, han tenido más relevancia que el debate en sí.

          La autocomplacencia, el triunfalismo y sobre todo el corporativismo anidan en nuestros partidos políticos. Al Sr. Rajoy sólo le ha faltado erigirse en el adalid del progreso, de la recuperación del estado de bienestar, de la creación de empleo y de la bajada de impuestos. Es decepcionante a la vez que mentira. Es indudable que algo está cambiando, y se nota en el consumo y algo en la industria (venta de automóviles), pero también es de recibo decir que no se debe al trabajo del gobierno de Rajoy. Si la crisis es global, la recuperación también lo es. El Sr. Rajoy ha sido el instrumento, la mano que ha puesto en práctica las políticas de la Troika, y la recuperación ha venido cuando se han dejado de lado las políticas de austeridad -–tantas veces denunciadas desde estas páginas--,  que no conducían a favorecer el relanzamiento de la economía. Luego están las mentirijillas de turno: “En 2015 vamos a bajar los impuestos”. ¿Se olvidan que los subieron hace 3 años, y ahora los dejarán (ya veremos) como estaban antes? Algunos no lo olvidamos. Eso no es bajar los impuestos. Y, ¿qué me dicen del IVA?,  hay colectivos -–artistas, actores y otros--,  que se rasgan las vestiduras porque el cine, teatro, etc.,  están gravadas con el 21%; y, sin embargo, no denuncian que, ése mismo tipo, se aplica injustamente a productos tan básicos como son la luz, el gas, o el teléfono que nos afecta a todos…... Aquí,  cada uno va a lo suyo.  

          Los representantes políticos actúan obedeciendo las consignas de sus líderes, en vez de representar a los ciudadanos. Algunos sólo van al Congreso a poner el dedo en el sí o en el no anteponiendo los intereses del partido, sin atreverse a actuar en conciencia porque de lo contrario, no saldrían en la foto.  Políticos así no interesan. Incluso son una piña cuando alguno de los suyos, pillado jugando con el Iphone en pleno debate, (vicepresidenta del Congreso, pagado con el dinero de todos),  se la exculpa descaradamente con una defensa indefendible. Y el ciudadano alucina. La responsabilidad política brilla por su ausencia. Por eso, la gente cada día recela más y se fía menos de las promesas que hacen los políticos porque se fabrican un mundo exclusivo para ellos. Se fijan sus sueldos con independencia de la situación económica del país. Sus obligaciones son la mitad exigente que para cualquier trabajador y viven en su mundo, con sus estadísticas sobre el pulso social, muy alejados de la realidad de la calle. Además, es notoria la creencia generalizada de que nos mienten casi siempre, que dicen lo políticamente correcto, pero que su verdadera intención es otra.

          Alguien dijo alguna vez que “ni el fin justifica los medios, ni los medios justifican el fin”. Ahora el país está de nuevo necesitado de líderes con visión de estado y de futuro, que sean capaces de colocar el interés de España por encima de sus formaciones políticas. La estrategia del “todo vale” para permanecer en el poder, es completamente repudiable.
Miguel F. Canser

www.cansermiguel.blogspot.com   

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