jueves, 28 de julio de 2011

LAS VACACIONES

Cuando escribo estas líneas, finales de julio, tengo la sensación de que todo el mundo está ya de vacaciones. Lo observo en que las terrazas de mi barrio están llenas hasta altas horas de la noche, sin prisa para ir a trabajar al día siguiente; vemos y oímos que, en cada puente festivo, nuestras carreteras se llenan de desplazamientos para escaparnos de nuestra rutina de todos los días. Igual ocurre en aeropuertos, estaciones de tren y terminales de autobuses. La verdad, no sé dónde está la crisis porque para el ocio no escatimamos; pero hoy no es este el tema de este artículo. ¿Son necesarias las vacaciones?

Creo que todo el mundo responderá que sí. Yo también. ¿Serán las vacaciones un concepto que el ser humano inventó para justificar sus deseos de descansar, o son parte del reposo que necesitan la mente, el cuerpo y el espíritu? Más bien lo segundo; es necesario que las personas dispongan de un descanso total o de un receso de sus actividades cotidianas; cambiar de actividad es una necesidad ineludible para que el estrés, la ansiedad, además de otras patologías físicas y emocionales, no sigan alimentándose y aprovechar esos días de descanso para incrementar la convivencia y, por ende, la afectividad de nuestros seres más queridos, porque si bien es cierto que la vida nunca es fácil, la complejidad y las presiones aumentan cuando se está trabajando. Es de vital importancia que en las vacaciones se realicen actividades que generen satisfacción, pues incluso el simple recuerdo de los momentos agradables produce placer y es una fuente de energía para el resto del año.

Si bien cada persona utiliza las vacaciones de manera muy personal y diferente, el objetivo más común es descansar y relajarse placenteramente; aunque las vacaciones también pueden servir para traer alguna que otra adversidad. Me refiero a las vacaciones escolares. Para muchas familias que trabajan ambos cónyuges, es una complicación poder atender a sus hijos pues éstos tienen más de dos meses de vacaciones, mientras que sus padres sólo tienen un mes. Y aquí surge la ayuda de los abuelos, que aportan cariño y dedicación sacrificando sus propias actividades, y que no siempre se les reconoce merecidamente.

Pero sobre todo las vacaciones son una excelente oportunidad para ahondar en la convivencia familiar, porque de dicha convivencia, surgen espacios para la conversación, el contraste de opiniones, el debate de ideas, comunicar preocupaciones, etc., que durante el resto del año obviamos por la fatiga del trabajo, la esclavitud de horarios y otros asuntos familiares. En definitiva se trata de que nuestras relaciones personales con los demás miembros de la familia, se complementen, se cubran carencias, se conozcan más nuestras inquietudes. Esto es lo mejor de las vacaciones. Lo peor es, quizá, cuando se terminan.

Aún así hay personas que no podrán disfrutar de unas merecidas vacaciones. Por aquello de la crisis, en el mejor de los casos porque estarán trabajando o, por el contrario, porque no disponen de medios para disfrutarlas. Vivimos tiempos difíciles. La vida es como una escalera, si miras hacia arriba siempre serás el último de la fila, pero si miras hacia abajo verás que hay mucha gente que quisiera estar en tu lugar.

Quiero desearles un feliz verano y unas vacaciones espléndidas.


Miguel F. Canser
www.cansermiguel.blogspot.com

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